Una semana después del pitazo final en el MetLife, toca hacer el balance completo. Lo que se cumplió, lo que decepcionó, las figuras, los ausentes y todo lo que este torneo dejó para el debate.
Por Táctica del Fanático — 26 de julio de 2026
Ha pasado una semana desde que el árbitro pitó el final en Nueva Jersey. Ya bajó la adrenalina, ya se secaron algunas lágrimas, ya se leyeron todos los titulares. Ahora toca lo que más nos gusta en este espacio: analizar con la cabeza fría qué dejó realmente este Mundial 2026.
España: merecidísimo, y le deben una disculpa a De la Fuente
Lo primero es lo primero: felicitar a la selección española. Era favorita hace dos años cuando ganó la Eurocopa con un fútbol brillante y dominante, pero llegó a este Mundial con otras sensaciones. Lamine Yamal y Nico Williams, las dos grandes figuras de aquella Euro, llegaron tocados por las lesiones. La convocatoria de De la Fuente generó polémica en España — como casi todo lo que hace este seleccionador, que parece condenado a justificarse ante su propia afición.
Pero De la Fuente sabía exactamente lo que hacía. Entendió que este equipo no podía jugar igual que en la Eurocopa, que las circunstancias eran distintas, y convocó a los jugadores que le iban a cumplir en un esquema diferente — más físico, más intenso, más de choque. Y funcionó a la perfección.
Los nombres propios del éxito son varios. Rodri, elegido mejor jugador del torneo — decisión con la que personalmente no concuerdo, pero que tiene su lógica — llegó con una interrogante enorme tras su larga lesión de rodilla. Respondió con solvencia y fue el faro del mediocampo en los partidos decisivos. Cucurella jugó con una garra que no todo el mundo le reconoce. Mikel Merino fue un revulsivo de lujo desde el banco. Pedri, Dani Olmo, Pau Cubarsí — todos cumplieron. Todos aportaron.
Pero lo más destacable de esta España no fue ningún jugador en particular. Fue el sistema. Fue la manera en que De la Fuente diseñó un equipo que hacía imposible jugar contra él. Se vio específicamente en los encuentros ante Portugal, Francia y Argentina: los rivales nunca lograron imponer su juego, nunca pudieron construir con fluidez, era enormemente difícil para ellos encadenar más de dos pases seguidos en zonas de peligro. Eso no es casualidad — es un esquema de presión diseñado con precisión quirúrgica.
Campeonato muy merecido. Y sí, muchos en España le deben una disculpa a Luis de la Fuente. Les trajo una Eurocopa y la segunda estrella mundialista. Con eso debería ser suficiente para cerrar cualquier debate.
Argentina: sorprendieron, lucharon y Messi dejó a todos sin palabras
Argentina no llegaba como favorita. Se sabía que Messi es un crack, pero había una interrogante real sobre su nivel después de tres años compitiendo en la MLS — una liga que, seamos honestos, está muy lejos del nivel europeo. Las dudas eran legítimas.
Y sin embargo, Messi jugó a un grandísimo nivel que sorprendió a muchos — incluyendo a quien escribe este artículo. Fue el mejor jugador del torneo. Lo digo sin dudar. A diferencia de lo que ocurrió en el Mundial de 2014, donde ese reconocimiento fue para un tal Toni Kroos con mucha más justicia que la que le dieron a Messi en aquel entonces, en este 2026 la Pulga fue determinante en cada partido que importaba. Ocho goles, asistencias en momentos decisivos, y esa capacidad única de aparecer cuando el partido lo necesita que ya no debería sorprender a nadie pero igual lo hace.
El camino de Argentina también fue criticado — se dijo que les tocó una zona más accesible del cuadro — pero los partidos hay que jugarlos. Y esta selección los jugó bien. Luchó cuando estuvo contra las cuerdas, remontó partidos que parecían perdidos, y llegó a la final con una mentalidad de campeón que Scaloni ha sabido construir durante años.
En la final contra España, sin embargo, no pudieron. Quedaron totalmente anulados. Messi no logró imponer su juego. Estuvieron prácticamente 80 minutos sin generar ocasiones claras. España los neutralizó como había neutralizado a todos sus rivales anteriores.
Pero hay que quitarse el sombrero. Scaloni construyó un equipo que llegó a la final del mundo con Messi a los 39 años jugando en la MLS. Eso merece todo el respeto.
El Mundial en general: calidad versus cantidad, y el torneo perdió esa batalla
Aquí es donde el análisis se pone incómodo. Porque este Mundial tuvo momentos brillantes — pero también dejó una sensación que muchos compartimos aunque pocos digan en voz alta: fue demasiado largo, y se notó.
Más de 100 partidos. Casi 40 días de torneo. 48 selecciones. Hubo sorpresas genuinas como Cabo Verde, que fue una historia preciosa. Pero también hubo demasiados partidos sin alma, sin energía, con jugadores que no parecían querer estar en el campo. En el fútbol, como en casi todo, más cantidad no significa más calidad.
Las tres sedes — Estados Unidos, México y Canadá — sumaron otro problema logístico que se tradujo en una experiencia distinta para el aficionado. Dos de esos países son enormes. Los traslados entre ciudades son larguísimos y carísimos. El costo de vida en Estados Unidos, especialmente, es de los más altos del mundo para un turista. Y aunque los estadios se veían llenos, faltaba ese ambiente, ese calor, ese «no sé qué» que tienen los Mundiales europeos o latinoamericanos. No se sentía Mundial. Se sentía torneo internacional muy grande, pero sin esa electricidad en el ambiente que nos tiene acostumbrados.
Y las pausas de hidratación — ese invento que todos sabemos que es principalmente una excusa para publicidad — cortaban el ritmo de los partidos en los momentos más delicados. No ayudaron en nada a la fluidez del juego ni al espectáculo.
Dicho todo esto: el fútbol sigue siendo el fútbol. Y cuando los partidos grandes llegaron, llegaron de verdad.
Los ciclos que se cierran y los que empiezan
Este Mundial cerró una era y abrió otra. Y eso siempre es emocionante si se mira con perspectiva.
Messi jugó su último Mundial. Cuatro décadas de fútbol con la Argentina terminaron en una final del mundo a los 39 años. No hay más que decir.
Inglaterra dejó muy buen sabor de boca. Con Bellingham, Saka, Foden y compañía en sus mejores años, serán candidatos serios en 2030.
Francia, con Mbappé a los 31 y toda la generación dorada en plena madurez, llega al próximo ciclo como uno de los grandes favoritos.
España defiende título con una generación joven — Lamine Yamal tendrá 22 años en 2030. El futuro es suyo si saben gestionarlo.
Brasil y Argentina parecen en fase de renovación real. La pregunta es si encontrarán a tiempo a los jugadores que necesitan para pelear el título en 2030.
Y la Azzurra — ojalá que con Maldini al timón, Italia vuelva a un Mundial. El fútbol europeo es mejor con ellos dentro.
El cierre
Que los partidos terminen, que bajen las banderas y que se apaguen las pantallas no significa que el fútbol pare. Todo lo contrario. Ahora viene el verano de los fichajes, el movimiento del mercado, los nuevos proyectos de clubes y selecciones. Y en este espacio vamos a estar para analizarlo todo, como siempre.
Este fue un Mundial imperfecto en su formato, enorme en sus momentos grandes y justo en su campeón. España lo ganó como debía ganarlo: con colectivo, con carácter y con un seleccionador al que todos subestimaron.
Eso, en el fútbol, siempre es la mejor historia posible.
Déjanos en los comentarios tu opinión sobre este Mundial. ¿Estás de acuerdo? ¿Quién fue tu figura del torneo? ¿El formato de 48 equipos le hace bien al fútbol? Cuéntanos. Y si todavía no nos sigues en redes sociales, este es el momento.
